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viernes, 4 de enero de 2013

La costumbre.


Condición necesaria para el cambio es la necesidad. Muchos (sino todos) detectamos falencias en algún ámbito de nuestra vida pero pocos hacemos algo al respecto. La gran mayoría aprendemos a vivir con ello. Mantenemos trabajos que no nos gustan, toleramos relaciones enfermizas, aprendemos a vivir como podemos con lo que hoy tenemos. Sin pensar, ya, en analizar o generar nuevas opciones. 


Esto está muy bien… ¡si estás muerto!. Y de hecho mucha gente muere a los 35 años y se entera a los 71, cuando lo hace oficial dejando de respirar. Pero si aún te sientes vivo tienes no solo el derecho, sino la obligación, de levantarte y cambiar.


Si tú trabajas 10 horas en un empleo que no te gusta por un sueldo miserable, llegas a tu casa y te sientas a ver televisión, cenas, te acuestas, te levantas al día siguiente y vuelves al trabajo y todo esto lo repites día tras día difícilmente encuentres un espacio para tu desarrollo personal.
Estas dentro de un circulo vicioso de malos hábitos llamado costumbre. Y estas malas costumbres, como hemos dicho, pueden ser peligrosas. Porque serán transmitidas a tus hijos y estos podrían transmitírselas a sus nietos, sea de manera oral o representativa. Los padres son los ejemplos que los niños imitan. Si tu hijo te ve resignado, crecerá resignado. Si tu hijo te ve luchando por ser mejor crecerá luchando para superarse. Al menos que quieras que otros sean los ejemplos de tus hijos.

El éxito es un camino, no una meta. “Vivir trabajando en superarse” es la manera de vivir. Y lo mejor es que tus logros, tus buenos hábitos, también son transferibles a las generaciones futuras.

Ahora bien. Entendamos que este conjunto de hábitos y costumbres es lo conocido y, aunque puedan ser nocivos, nos envuelven en un manto de seguridad y conformismo del que se nos hace muy difícil salir. Limitan nuestra zona de confort. La zona de confort está representada por todo lo que nos genera comodidad y seguridad. Sus límites los hemos puesto nosotros mismos y los hemos confundido con el marco de nuestra existencia. Es nuestra zona cómoda. Aquí nos sentimos capaces y seguros. Afuera lo desconocido. Lo nuevo.
Las personas que se mantienen en la zona de confort han renunciado a tomar iniciativas que les permitan gobernar sus vidas. Están limitando su propio crecimiento. De aquí en más solo sobrevivirán. Entran en un estado pasivo, donde delegan la responsabilidad de su propia existencia.
Quienes deciden traspasar los límites de su zona de confort están lanzándose a lo desconocido. Se abren a analizar nuevas oportunidades.

Muchos nos mantenemos dentro de nuestra zona de confort simplemente por miedo.
¿Miedo a que? ¿A lo desconocido? ¿A perder lo que ya tenemos?   Lo desconocido una vez que se conoce, obviamente, deja de ser desconocido. Al traspasar la barrera de nuestra zona de confort no perdemos. Solo podemos ganar. Todo lo nuevo que conocemos y asimilamos aporta a agrandar nuestra zona de confort y esto nos impulsará a salir nuevamente e ir por más. ¡No temas! Constantemente estaremos regresando. Pero para emprender esta aventura, como vimos, necesitamos un disparador que nos impulse a romper nuestros propios límites y salir de nuestra zona cómoda.

Cuando encuentres ese disparador, Mi estimado, serás libre. Y no solo Tu te lo agradecerás, también te lo agradecerán tus hijos, y sus hijos y todo aquel que se tope contigo y esté dispuesto a escuchar tu historia.

Y recuerda que lo fácil de hacer también resulta fácil no hacerlo.

Es tu viaje.

Exitos.

Martín León
@FdeVendedores


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1 comentario:

  1. Interesante, sobre todo porque va más allá de nosotros mismos. El ejemplo que damos con nuestra actitud, sobre todo a nuestros hijos, es igual de importante para construir un entorno que sume.

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